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domingo, 15 de mayo de 2011

La alopecia en la antigua Roma

Preocupación y hasta obsesión por la caída del cabello. Es lo que le llevó a Julio César a pedir al Senado que le dejase llevar la corona de laurel de forma permanente, no sólo para los juegos olímpicos. Su imperioso objetivo era ocultar su calvicie.
"Dedicaba largas horas de tocador a arreglar sus escasos cabellos y a disimular sus entradas. No se dignaba a ser calvo, ya que más de una vez había comprobado que esta 'desgracia' provocaba la irrisión de sus detractores", describe Xavier Sierra Valentí, dermatólogo, licenciado en Humanidades y autor del artículo 'La alopecia en la antigua Roma' publicado en la revista española 'Piel'. Al final, Julio César consiguió el permiso del Senado para llevar siempre la corona.
Los hombres de la antigua Roma, especialmente los políticos, recurrían a distintas artimañas para disimular las repudiadas 'entradas'. "Muchos confiaban en remedios y composiciones de peluquería para que nadie se percatara de la situación", explica el doctor Sierra. Hay que tener en cuenta que "el cabello simbolizaba poder, juventud, vigor, masculinidad, fertilidad y belleza, por lo que ser calvo era terrible". Y esto no parece haber cambiado demasiado con el paso del tiempo. Según el experto, "muchos hombres acuden a mi consulta muy preocupados porque pierden cabello". Más que inquietos por una patología, "esta angustia tiene raíces simbólicas que vienen de muy atrás".

Peinados y pelucas

Después de hacer un repaso por la política de la antigua Roma, el dermatólogo ha observado que, al igual que Julio César, Tiberio también tenía una gran alopecia, en forma de 'entradas' (en la zona frontoparietal). Lo que hacía para enmascararlo era aprovechar que tenía el pelo largo por detrás para "peinárselo hacia delante, en forma de flequillo". Esta táctica no era exclusiva de Tiberio. El emperador Domiciano también se peinaba hacia delante para dismular su calva y esta costumbre estaba extendida entre las clases dirigentes y el pueblo.
Además, "sabemos que Domiciano usaba pelucas", recalca el dermatólogo. Y no sólo él. Otros emperadores como Otón o Galba. "Las pelucas, especialmente las rubias, estaban confeccionadas con pelo de esclava y prisioneras galas", puntualiza Sierra.
En la actualidad, expone el dermatólogo, "la calvicie del hombre en fases iniciales puede solucionarse relativamente bien, a través de medicamentos que inhiben las hormonas sexuales. Cuando se encuentra en estado avanzado, existe otra opción: los trasplantes de pelo".
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/05/10/pielsana/1305022929.html

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