Es Bella, es superviviente
Acercarse día a día a la realidad de una lacra que no cesa es descorazonador. Historias de mujeres que han recibido golpes e insultos durante años, de mujeres que soportan la violencia de un machismo atroz que las tiene prisioneras en una auténtica cárcel hace que los cimientos se remuevan. Y así lo reflejamos. Pero ese recuento incesante, ese sinfín de estadísticas negras que analizamos quienes escribimos sobre violencia de género y sobre mujeres hace surgir decenas de preguntas que crean un poso de amargura, y que quedan casi siempre sin respuesta: ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué la sociedad ha permitido otra muerte? ¿Por qué esa mujer --como ocurre en la mayoría de los casos-- no denunció lo que le sucedía? ¿Y su familia o sus amigos? Y una más: cuando una mujer que sufre malos tratos por parte de su pareja lee la noticia de otro asesinato más, ¿qué siente? ¿cómo le afecta?
Estos días he vuelto a ver a una mujer que en su momento me marcó. Una de esas personas anónimas que trata poco a poco de cambiar las cosas con la sabiduría de su experiencia. Se llama Ana Bella Estévez y sufrió malos tratos por parte de su marido durante 11 años. Un día decidió que no aguantaba más. Que tenía que reconstruirse. Y se escapó de su casa con cuatro hijos a la espalda y ni un euro en la cuenta del banco. La gota que había colmado su vaso fue observar con sus propios ojos el terror que sus hijos tenían a su padre. Uno de sus críos, el mediano, llegó del colegio llorando. Había suspendido y tenía miedo de contárselo al padre. Pero miedo por ella. Su temor era que el hombre pagara su mal humor del cate a golpes con su madre. Y Ana Bella no pudo más. Lo tuvo claro y decidió marcharse. Y sobrevivió. Se rehízo.
Hoy esta mujer de mirada azul y alegre es una persona nueva. Ha creado una fundación que ayuda a otras mujeres que sufren o han sufrido malos tratos. El otro día quedamos y me contó que ha vuelto a estudiar. Está haciendo Administración y dirección de empresas. Se la veía increíblemente feliz. Tenía unas ganas tremendas de ir a la Universidad. Cuando se casó, con apenas 18 años, su marido no la dejó volver a abrir un libro. Y ahora se desquita leyendo todo lo que cae en sus manos.
Ana Bella es una superviviente. Y desde la experiencia de los golpes y los insultos, reniega de la palabra víctima. Del miedo que produce leer o escuchar la noticia de otro asesinato más. “Se puede salir de la violencia. Toda la fuerza que las mujeres maltratadas hemos tenido para aguantar vejaciones debemos usarla para escapar, para hacer cosas”, reclama. Sí, en efecto. Sus pequeñas (o enormes) historias deben servir para cambiar las cosas, para impulsar a otras mujeres a dar el paso, pedir ayuda y denunciar a sus maltratadores. Para mostrar que se puede, que la vida es mejor fuera de la cárcel del machismo. Porque hay que contar todas las historias, también las positivas. Es necesario. Quizá si alguna de las diez mujeres que han muerto asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año hubiera escuchado testimonios como el de Ana Bella hubiera dado el paso. Ninguna de ellas había denunciado a su verdugo. Como tampoco lo hizo el 28% de las 71 víctimas mortales de 2010.Hay que abrir los ojos de una sociedad dormida que, a pesar de años negros de noticias de sucesos y un rosario de campañas contra una lacra que se ha llevado por el camino a 400 mujeres en seis años (¡400 mujeres!), los sigue cerrando cuando los gritos y los golpes llegan desde la puerta de al lado. Apenas un 2% de las denuncias por malos tratos provienen del entorno de la víctima: de sus familiares, de sus vecinos, de sus amigos. Algo está fallando en esta sociedad que se ha hecho impermeable a las historias como la de Carmen, de Almería, asesinada por su marido de un tiro. O la de Saida, asesinada a navajazos por su pareja, que también se llevó por delante a sus dos hijos, y los sepultó en la bañera bajo una argamasa de cemento.
Todos debemos quitarnos la venda y abrir bien los oídos. ¿Qué haría si supiera que su amiga/compañera de trabajo/vecina/hermana sufre malos tratos?
http://blogs.elpais.com/mujeres/2011/02/es-bella-es-superviviente.html
Ana Bella es una superviviente. Y desde la experiencia de los golpes y los insultos, reniega de la palabra víctima. Del miedo que produce leer o escuchar la noticia de otro asesinato más. “Se puede salir de la violencia. Toda la fuerza que las mujeres maltratadas hemos tenido para aguantar vejaciones debemos usarla para escapar, para hacer cosas”, reclama. Sí, en efecto. Sus pequeñas (o enormes) historias deben servir para cambiar las cosas, para impulsar a otras mujeres a dar el paso, pedir ayuda y denunciar a sus maltratadores. Para mostrar que se puede, que la vida es mejor fuera de la cárcel del machismo. Porque hay que contar todas las historias, también las positivas. Es necesario. Quizá si alguna de las diez mujeres que han muerto asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año hubiera escuchado testimonios como el de Ana Bella hubiera dado el paso. Ninguna de ellas había denunciado a su verdugo. Como tampoco lo hizo el 28% de las 71 víctimas mortales de 2010.Hay que abrir los ojos de una sociedad dormida que, a pesar de años negros de noticias de sucesos y un rosario de campañas contra una lacra que se ha llevado por el camino a 400 mujeres en seis años (¡400 mujeres!), los sigue cerrando cuando los gritos y los golpes llegan desde la puerta de al lado. Apenas un 2% de las denuncias por malos tratos provienen del entorno de la víctima: de sus familiares, de sus vecinos, de sus amigos. Algo está fallando en esta sociedad que se ha hecho impermeable a las historias como la de Carmen, de Almería, asesinada por su marido de un tiro. O la de Saida, asesinada a navajazos por su pareja, que también se llevó por delante a sus dos hijos, y los sepultó en la bañera bajo una argamasa de cemento.
Todos debemos quitarnos la venda y abrir bien los oídos. ¿Qué haría si supiera que su amiga/compañera de trabajo/vecina/hermana sufre malos tratos?
http://blogs.elpais.com/mujeres/2011/02/es-bella-es-superviviente.html
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