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sábado, 13 de septiembre de 2014

Un informe de la revista 'Science' Más teléfonos móviles que letrinas

Un informe de la revista 'Science' Más teléfonos móviles que letrinas
Un hombre habla por el móvil en una tienda del campo de refugiados de...
  • Unos 768 millones de personas en el mundo carecen de agua potable

  • Alrededor de mil millones defecan al aire libre por falta de aseos o letrinas

Hoy en día, 6.000 millones de los 7.000 millones de habitantes del planeta tienen acceso a un teléfono móvil. Quienes pueden hacer sus necesidades en un aseo o letrina apenas llegan a los 4.500 millones. Esta paradoja, más tecnología que sanitarios, refleja bien una de las brechas que lastra el desarrollo de la salud global en el planeta, como denuncia un número especial de la revista Science dedicado a los retos de futuro en materia sanitaria.
Como recuerda Deb Niemeier, del departamento de Ingeniería de la Universidad de California (EEUU), unos 768 millones de personas en el mundo carecen de agua potable y alrededor de mil millones defecan al aire libre por falta de aseos o letrinas. Una carencia que, recuerda, puede suponer "la diferencia entre la vida y la muerte por enfermedades diarreicas". El 90% de estas patologías están relacionadas con la falta de acceso a sanitarios y "matan en total a más niños menores de cinco años que el sida, la malaria y el sarampión juntos".
El ubicuo acceso a la tecnología móvil en casi cualquier suburbio del planeta demuestra que llegar hasta allí es posible, aunque como ha demostrado la realidad y como destacan varios de los articulistas en esta edición, los retos y recursos para implementar ciertas infraestructuras públicas (como el acceSo a agua potable) son mucho más complejos que instalar antenas de telefonía: social, cultural, política y económicamente.
Haití es un buen ejemplo de esas dificultades. A pesar de haber recibido de la ayuda internacional 15.000 millones de dólares entre 1995 y 2012 (un periodo en el que esta nación caribeña ha tenido 13 gobiernos diferentes), el país aún carece de las infraestucturas básicas y apenas un 20% de sus ciudadanos tiene acceso al saneamiento. El terremoto que devastó el país en 2010 sólo empeoró las cosas y el sobrevenido brote de cólera ha afectado desde entonces a 700.000 personas, causando la friolera de 8.500 muertos. Pese a los planes del gobierno haitiano de erradicar la enfermedad en los próximos 10 años, no todos los especialistas lo consideran un objetivo alcanzable.
Probablemente las millonarias ayudas internacionales de las que se ha beneficiado el país caribeño en estos últimos años (una gran parte dilapidada por culpa de la corrupción) no sería posible hoy en día. Como destaca el periodista Martin Enserick en un análisis con datos del Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud de Seattle (EEUU), no es sólo que la crisis económica haya llevado a los países occidentales a palparse más el bolsillo a la hora de hacer donaciones, sino que en la actualidad, los donantes internacionales quieren más evidencias sobre el impacto que tienen sus ayudas. Una idea en la que coinciden desde las mismas páginas varios editores de Science: "En los últimos 15 años, la ayuda al desarrollo se ha triplicado hasta superar los 30.000 millones de dólares. Sin embargo, ahora que esa explosión económica se ha frenado es crítico detectar dónde puede ser más eficaz esa ayuda. Debemos analizar qué funciona y qué no".
Porque a veces la solución a grandes problemas de salud pública no es necesariamente compleja o muy costosa, como demuestra el reciente ejemplo de Vietnam. Quizás los accidentes de tráfico no son lo primero en lo que uno piensa bajo el paraguas de la etiqueta de 'salud global', pero la realidad es que las carreteras se cobran al año 1,25 millones de vidas en todo el mundo y la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye esta lacra entre sus principales preocupaciones. En el país asiático, la ley impulsada en 2007 por el Gobierno para hacer obligatorio el uso del casco en los usuarios de motocicletas, logró reducir en sólo un año en 1.500 el número de muertes por accidentes de tráfico (a lo que las estadísticas suman 2.500 heridos menos en los primeros 365 días de la norma).
Una de las firmas más reconocidas en este paquete de 13 textos sobre los retos de salud pública es la de Melinda Gates, esposa del creador de Microsoft y creadora junto a él de la Fundación Bill y Melinda Gates, uno de los actores más importantes en el panorama actual de las ayudas al desarrollo -en la que los gobiernos han perdido peso en favor de este tipo de alianzas internacionales, como el Fondo Global de Lucha contra el Sida o la Alianza de Vacunas Gavi-.
La señora Gates coincide con sus compañeros de páginas en que no todos los problemas de salud que afectan a los más pobres del planeta requieren grandes (y costosas) soluciones tecnológicas. "Yo procedo del mundo de la tecnología, y en los inicios de nuestra fundación teníamos cierta tendencia hacia las soluciones tecnológicas". Sin embargo, añade, "aunque nuestro optimismo hacia la tecnología no ha cambiado, hemos ido ganando gradualmente más aprecio hacia los factores sociales y culturales que influyen en el desarrollo".
Y uno de los más importantes de esos factores, subraya, es el género: "Ninguna sociedad puede adquirir todo su potencial con la mitad de su población marginada y discriminada". A juicio de Melinda Gates, las mujeres y las niñas tienen que estar en el centro de cualquier iniciativa de desarrollo y ser agentes imprescindibles de cualquier cambio. Y cita un ejemplo: "Si las mujeres africanas tuviesen el mismo acceso a la tierra, la información, los fertilizantes y el agua, la producción agrícola en el continente africano crecería un 20%".
Sin embargo, las cifras son tozudas en negarle la razón a la señora Gates y los datos aún demuestran las brechas de género o las abultadas cifras de mortalidad maternoinfantil que aún sufren algunos países.
El amplio despliegue de la revista incluye también mención al crecimiento de enfermedades 'occidentales' (como el cáncer o la diabetes) en países del Tercer Mundo, la urgente necesidad de nuevos antibióticos más eficaces que los actuales, la lucha contra el tabaco o la necesidad de mecanismos internacionales de respuesta rápida ante ciertas situaciones que no entienden de fronteras, como ha puesto de manifiesto el actual brote de ébola en África occidental.

Logros y retos en cifras


  • Malaria. La inversión internacional para luchar contra la malaria se ha traducido en una reducción del 42% de muertes y un 25% menos casos desde el año 2000. En este plazo ha descendido un 54% la mortalidad infantil en África.
  • Desigualdad. Los 31.000 millones de dólares de ayuda internacional invertidos en 2013 supone apenas el 1% del presupuesto que los países ricos invierten en su propia sanidad. De hecho, todo el informe insiste en las desigualdades geográficas que aún están vigentes en varias materias de salud.
  • Geografía. Entre los 10 países que más ayuda recibieron entre 2009 y 2011, ocho son africanos. El más beneficiado es la India (con 2.500 millones de dólares), el décimo es México. El donante más generoso sigue siendo EEUU, aunque este hecho se traduce, por ejemplo, en inversiones muy reducidas hacia países como Irán o Venezuela.
  • Soluciones. En las regiones pobres, sólo entre un 3% y un 34% de la población se lava regularmente las manos, un gesto que ha demostrado su eficacia en la lucha contra enfermedades infecciosas. El 90% de las diarreas está causada por falta de acceso a sanitarios y matan a más niños que el sida, la malaria o el sarampión juntos.
 
 http://www.elmundo.es/salud/2014/09/12/5411df93e2704e15478b4570.html
 

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