Robert Ratner repite machaconamente dos ideas en torno a la diabetes:
prevención y diagnóstico precoz. El director médico y científico de la
Asociación Americana de Diabetes (ADA) acaba de visitar Madrid para participar
en 'The Best of ADA', una reunión que repasa los principales resultados
presentados en el congreso anual de su sociedad, celebrado recientemente en
Chicago (EEUU).
¿Cuál es el mensaje más importante en torno a la
diabetes actualmente?
Sabemos que un adecuado control de la
diabetes reduce complicaciones a largo plazo. Mantener el nivel de glucosa
adecuado previene problemas oculares, de riñón y reduce el riesgo de enfermedad
cardiaca e ictus. Cuanto antes iniciemos el control de la glucosa mejor
podremos evitar las complicaciones asociadas a la diabetes. [En España
se calcula que el 13,8% de la población tiene diabetes, aunque un 43% lo
desconoce, según datos de la Sociedad Española de Diabetes divulgados por el
laboratorio Ferrer, organizador de 'The best of ADA'].
Con las tasas actuales y crecientes de obesidad,
¿siente de alguna manera que la prevención está fallando?
Tenemos una sociedad que está
incrementando los factores de riesgo para la diabetes, una alimentación muy poco
saludable, una vida sedentaria, poco ejercicio físico... nuestros genes no saben
lidiar con eso. Sabemos que hay muchas cosas, fármacos y estilos de vida
saludables, que pueden frenar la progresión de la enfermedad. La dificultad está
en cómo lo hacemos, cómo lo institucionalizamos; cómo cambiamos el entorno para
que la gente camine más y haga más ejercicio, cómo volvemos a la comida de
nuestras abuelas...
En el caso de los niños, las llamadas de atención
sobre los riesgos de la obesidad son reiteradas. ¿Cree que la gente es
consciente?
Lo que está pasando con los niños
asusta. No somos conscientes de lo que va a pasar en el futuro. Un niño con
diabetes tipo 2 es más difícil de tratar que un adulto. Los fármacos
antidiabéticos -como la metformina- no funcionan tan bien en ellos como en
adultos. Por eso la prevención es incluso más importante en la infancia.
Tenemos que cambiar la alimentación en los colegios, hacer que
dejen los videojuegos y salgan a jugar al fútbol...
Cuénteme un poco algunos terrenos de
investigación en los que tiene esperanza.
En diabetes tipo 1 [una enfermedad
autoinmune más habitual en niños y adultos jóvenes] hay muchas áreas importantes
en las que estamos trabajando. Por ejemplo, el desarrollo de un páncreas
artificial, un campo que está avanzando muy rápido. Para que este tipo de
dispositivos funcionen bien necesitamos tres cosas: insulinas de acción muy
rápida, en las que estamos trabajando también, que actúen rápido cuando el
organismo las necesita, pero también que desaparezcan rápido. En segundo lugar,
un buen equilibrio entre glucagón e insulina; y, finalmente, sensores de última
generación que midan la glucosa de manera muy eficaz.
¿Hablamos de un páncreas artificial implantable o
una versión moderna de las bombas de insulina?
Hablamos de bombas modernas, para un
páncreas artificial implantable todavía queda tiempo, pero mientras estamos
trabajando para mejorar los trasplantes de páncreas. Pero quizás lo más
importante en diabetes tipo 1 es identificar la enfermedad en sus fases
precoces. De hecho, en el último congreso de la Asociación Americana de Diabetes
(ADA) empezamos a hablar de predecir la diabetes. Sabemos que
si tienes dos o más anticuerpos, tienes hasta un 70% más de posibilidades de
desarrollar la enfermedad, por eso, si identificas a los pacientes antes de que
los niveles de azúcar hayan aumentado, quizás puedas iniciar el tratamiento
antes y detener el progreso. Esto es algo muy emocionante para la diabetes tipo
1.
Porque esta enfermedad, a diferencia de la tipo 2
(ligada a los hábitos de vida), sigue siendo en parte un misterio...
Sabemos que es una enfermedad
autoinmune, genética, pero también medioambiental, pero no está del todo claro
qué pasa exactamente dentro del páncreas. No sabemos qué es primero, si los
genes, la influencia del ambiente, el ataque autoinmune... Eso es algo en lo que
aún tenemos que trabajar.
Un campo en el que se ha incidido mucho
recientemente es el uso de la cirugía bariátrica para pacientes con diabetes
tipo 2, ¿qué opina?
Es una cirugía que presenta muchos
efectos secundarios, como malnutrición y diarrea. Sin embargo, es indudable que
cuando operas al paciente la diabetes desaparece antes incluso de que empiece a
perder peso. La cuestión es que no sabemos porqué, qué es lo que ocurre en el
interior del organismo. La clave para el futuro será determinar ese mecanismo
para lograr el mismo efecto que con la cirugía, pero sin necesidad de
hacer la cirugía.
¿Qué opina de medidas como la subida de impuestos
para los refrescos azucarados? ¿Cree que son útiles para frenar la epidemia de
diabetes?
En EEUU es más barato comprar una
hamburguesa con patatas fritas que manzanas y verduras. Tenemos que ayudar a la
gente a comer mejor, haciendo que la comida saludable esté accesible a buen
precio. Quizás cambiar los hábitos de la gente de esa manera puede ser útil,
pero tenemos que hacer que la comida saludable sea más atractiva.
El problema de la diabetes está aumentando
también en los países en desarrollo, ¿qué opina?
Hay dos maneras de ver este fenómeno.
Por un lado, es cierto que cuando las personas emigran a un país occidental,
abandonan sus hábitos alimenticios y adoptan nuestra perjudicial dieta
occidental, incrementando su riesgo de diabetes. Pero lo que es más deprimente
es que las compañías de comida rápida están emigrando al Tercer Mundo. Si
aterrizas en Pekín, lo primero que ves al salir del control de pasaportes es un
enorme Kentucky Fried Chicken, que se ha convertido en una de las
cadenas de comida rápida favoritas de los chinos.
¿Se han convertido en el nuevo lobby, después del
tabaco?
En alguna manera sí, pero ten en cuenta
que están produciendo un tipo de comida que la gente quiere. Tenemos que lograr
cambiar lo que la gente quiere, hacer que quieran lo que es bueno para su
salud.
¿Con impuestos, por ejemplo?
No, eso es muy difícil. Estamos
llegando a un punto en el que la diabetes se ha convertido en un auténtico
problema de salud pública y puede que haya llegado el momento de establecer
algunas restricciones o impuestos con el objetivo de lograr una alimentación más
saludable. En EEUU, con 26 millones de pacientes, la diabetes costó el año
pasado alrededor de 245.000 millones de dólares. En los últimos cinco años
(2007-2012) el coste anual se incrementó un 41%. En el mundo entero es más
difícil de decir, porque no sabemos qué atención se da en muchos países, pero sí
sabemos que hay 300 millones de personas viviendo con diabetes en todo el mundo.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/07/05/corazon/1373046784.html