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domingo, 22 de enero de 2017

¿Por qué es tan cara la electricidad?

¿Por qué es tan cara la electricidad?



Estos días estamos envueltos en informaciones sobre subidas del precio de la luz (de la electricidad realmente, hoy la ''luz'' no cuesta casi nada). El coste sube y ha subido todo el año, incluso cuando no hacía frío. Aun así, el precio de la electricidad en España es inferior al de Alemania, aunque superior al francés. Una parte del precio es un impuesto especial del 5.11% sobre el que se calcula el IVA del 21% de manera que éste se convierte en 6.18% a pagar por el consumidor.
En España la ''tarta'' de la producción de energía está más o menos así: un 16.7% para cada una de las fuentes energéticas, nuclear, gas simple y carbón, ciclo combinado, eólica, hidráulica y  diversas fuentes renovables.
El viernes pasado, 20 de enero, a las 08.00 horas, la hidráulica, la más barata de todas, suponía el 15%, y un 17% la eólica, aunque a partir de esa hora aumento la producción de electricidad mediante el ciclo combinado que utiliza gas natural. Es decir, había agua, y estaba soplando el viento, y ambas fuentes suponían, junto a la nuclear (también muy barata)  más de la mitad de la producción de energía.
En España la potencia eléctrica instalada es de alrededor de 105 Gigawatios mientras que las demandas máximas en las horas punta del día en días fríos alcanzan los 40 gigawatios, es decir, sólo un 38% de la potencia instalada. Red Eléctrica Española puede elegir en cada momento el mix de generación más adecuado a las necesidades del consumo, y el coste de la electricidad.
El precio del gas natural ha caído desde un máximo de 22 euros/Mwh en Marzo de 2015 a unos 12 euros/Mwh en Octubre de 2016 y es cierto que la electricidad de Francia está importando energía de las centrales nucleares españolas, pero esa demanda no llega al 2% del consumo de cada día en España.
En la semana que empezó el día 16 de enero hemos tenido viento constante en toda España, de manera que de haber querido se hubiese podido satisfacer a más de la mitad de la demanda en estos días fríos (fríos sobre todo en zonas donde no se suelen dar) de un invierno realmente templado con la energía de las turbinas eólicas. Estas paran con vientos fuertes, pero en media España ha habido viento constante de un nivel medio, aunque en las zonas de temporal éste ha sido considerable. 
Ni el precio del gas es excusa para subir el precio de la electricidad, ni lo es el viento, pues lo ha habido, y la hidraúlica, pues hemos visto que estaba suministrando todo lo que de ella se puede sacar. No parece haber excusa alguna para subir ''la luz''.
En España, en 2015, el precio de la electricidad fué en media de 0.237 €/kwh. Como he dicho, de ese precio, el Gobierno si quiere, puede eliminar un 6% suprimiendo un impuesto obsoleto. Si quiere.
Aún así, el precio de la energía eléctrica en España está cerca de la media de los precios europeos, 0.211 €/kwh, y las subidas de precio de la electricidad no se justifican por la existencia de algunos días de alta demanda, puesto que lo que debe fijar el precio es la demanda media a lo largo del año.  
Los precios de la electricidad, como los de casi todos los productos que utilizamos los seres humanos derivan de muchas causas, y no está de ninguna manera fijada por el ''mercado'', una entelequia de muy dudosa existencia. Ese precio depende de lo que las empresas querrían ganar y de lo que los usuarios están dispuestos a pagar, pero si estos no pagan pasan frío y calor (en verano) mientras que las empresas pueden resistir mejor la escasez de demanda.
Adicionalmente, los precios de la energía dependen de oligopolios, de guerras y conflictos, de impuestos de los estados, de inversiones adecuadas o fallidas hechas hace decenas de años, de contratos leoninos, de ... de tantas causas que al final ese precio es casi arbitrario.
La electricidad no es cara, o al menos, no es más cara que otras muchas cosas que utilizamos. Nos molesta que suban los precios de esas cosas mientras no suben o si bajan los sueldos y salarios, las pensiones de muchas personas, o las ganancias de otras muchas que compran y venden bienes y servicios.
Lo importante no son los precios y las ganancias, sino la relación y los equilibrios entre ellas.
¿Es cara la electricidad en España?  La pregunta la debemos integrar en otra más amplia: ¿es cara la energía para los seres humanos?
En Inglaterra empezaron a vivir en un paraíso a principios del siglo XIX. Tenían carbón fácilmente extraíble, y desarrollaron las máquinas para que su extracción fuese fácil. Empezaron el expolio (en el que eran maestros)  de una riqueza generada durante 20 millones de años y almacenada hace unos 280 millones de esos años, para agotarla en un plazo de 300. Si una persona vive con 20 euros al día y de repente ve que dispone de 2.000 euros, su vida pasa de la miseria a la opulencia. La energía que obteníamos los seres humanos la conseguíamos con un rendimiento del 20% (más o menos las ganancias de cualquier comercio actual). Pero al usar las energías fósiles pasamos a ganancias del 1000%: El Edén.
Tras el carbón vinieron el petróleo y el gas natural, también energías  fósiles, dispuestas para su agotamiento en un plazo de 300 años tras haber necesitado 20 millones de años para formarse. 
Los seres humanos (en Europa y sus derivados y hoy en casi todo el mundo) hemos olvidado lo difícil que era la vida sin energía casi gratis y reclamamos como derecho lo que no es más que un regalo de los dioses.
Las energías fósiles se acaban, y vamos a vivir décadas problemáticas, porque la riqueza siempre ha derivado del robo, y muy rara vez del esfuerzo, del trabajo. Podemos tratar de seguir viviendo en una estructura similar al estado del bienestar inventado por el canciller Bismarck para garantizarse paz social para construir una armada de guerra equivalente a la inglesa. Pero para eso tenemos que ponernos al tajo.
No sirve reclamar derechos. Uno puede pedir la luna, pero si no hay no se puede sacar. Es posible mantener un estado de bienestar pero es preciso rediseñar edificios y ciudades y los esquemas del comercio. Se puede hacer pero lo primero que se necesita es aceptar la realidad. El estado del bienestar depende de la disponibilidad de energía barata. ¿Tenemos esa energía?
Hay quien habla una y otra vez de la energía nuclear. Esta semana hemos estado vendiendo energía eléctrica de Francia porque han tenido que parar muchas de sus centrales nucleares por razones de seguridad (debido al temporal que cubre Europa).
En España, no podemos montar más centrales nucleares: La razón es evidente. Las centrales nucleares demandan una enorme cantidad de agua, solo se pueden instalar en zonas no sísmicas (Japón hizo un pan como unas tortas) y en zonas llanas de fácil evacuación. El territorio que queda en España que cumple estas dos últimas condiciones no tiene agua para la refrigeración y tendrá menos según avance el siglo XXI. Aparte de eso las centrales nucleares se han vuelto carísimas, y hoy los estados no están por la labor de poner el dinero de los contribuyentes para montarlas y pasárselas después a las empresas privadas como se hizo en España.
Y luego está el problema de la radiactividad. Las centrales en sí, si no tienen accidentes  (y los accidentes siempre existen), generan decenas de miles de toneladas de residuos radiactivos. La radiactividad no se puede blindar, y permanece activa durante miles de años. Todos los esfuerzos para construir cementerios nucleares seguros en zonas habitadas han fallado. Sólo se pueden instalar en medio de los desiertos.
La energía nuclear terrestre no tiene sentido alguno, sobre todo sabiendo que tenemos a nuestra disposición la energía nuclear de un astro alejado de la Tierra: del Sol, que llega gratis a la superficie del planeta. Hoy podemos capturar esa energía mediante turbinas eólicas, centrales fotovoltaicas y centrales solares térmicas. Todas ellas funcionan, y la energía que suministran se puede almacenar mediante sales de altos puntos de fusión. Y almacenarse en coches eléctricos.
Es cara, hoy, como eran caros los teléfonos móviles en 1992, o los coches en 1900. Las cosas son caras cuando no se venden en masa, y se hacen baratas cuando crece la demanda. 
La energía solar tiene rendimientos inferiores a los del petróleo, de orden del 1000%, pero aun así muy superiores a los de la agricultura, que no llegan al 1%. Uniendo ahorro energético con energías solares podemos mantener el estado del bienestar, con mayor esfuerzo y aplicando la inteligencia, no de forma automática como un derecho, sino como algo a conseguir.
La subida actual del precio de la electricidad no está justificada como hemos visto arriba. Pero el precio de la energía es el que es. Podemos seguir disponiendo de energía, pero tenemos que cambiar la idea de que podemos disponer de ella a nuestro capricho.
¡Delenda est pollutio!
El Por Qué de las Cosas es un proyecto divulgativo impulsado con la colaboración de Obra Social 'la Caixa'. Los lectores curiosos pueden enviar sus preguntas a ciencia@elmundo.es

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