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domingo, 20 de noviembre de 2011

Por qué los cachas y las delgadas tienen mal sexo

Por qué los cachas y las delgadas tienen mal sexo

Por qué los cachas y las delgadas tienen mal sexo

Algo que no suelen avisar las grandes superficies dedicadas al fitness es que, como en el infierno del Dante, muchos chicos y chicas de los que penetran en ellos acabarán abandonando toda esperanza de cruzar sus puertas de regreso a una vida sexual sana, y por extensión a la vida misma.
En estos templos al cuerpo ficticio que son los gimnasios sociales, los patrones de vida postcontemporáneos han facilitado una epidemia de cuadros conductuales, quizás no biológicos pero tanto o más nocivos. El ejercicio físico se ha convertido en vez de en un aliado, como debería ser, en un persecutor que azuza para la consecución de la figura deseada a unos y que engancha a otros como el peor de los “camellos”.
Aunque no tenemos estadísticas consistentes, los hombres trabajados en gimnasio utilizan con frecuencia anabolizantes en su proceso de musculación. Los anabolizantes, por su contenido androgénico aparte de disparar las conductas violentas pueden producir atrofia genital, disminuyendo tanto el tamaño de los genitales masculinos como el funcionamiento sexual.
Para quienes no llegan a recurrir a tratamientos hormonales que posibiliten una musculación desmesurada, los suplementos proteicos en grandes cantidades pueden también dificultar un correcto funcionamiento hepático, cuando no agravar daños preexistentes consecuencia de otros agentes nocivos como infecciones crónicas por virus de hepatitis, por ejemplo. En condiciones ideales, el hígado se encarga de depurar sustancias que tienen un efecto antiafrodisiaco en el hombre, como es el caso de los estrógenos. Si estas sustancias no son adecuadamente metabolizadas por una excesiva ingesta de proteínas y otras formas de daño hepatorrenal, el cuerpo masculino se feminiza y disminuye el deseo y la potencia amatoria. Aunque carecemos de datos firmes por la inconsistencia del diagnóstico mismo, la experiencia práctica nos dice que muchos de los sujetos con un perfil vigoréxico presentan importantes problemas de índole sexual.
Anorexia y apatía sexual
En el caso de la mujer y la anorexia, si el nivel de peso disminuye hasta arrojar un índice de masa corporal inferior a 20 (el IMC se calcula dividiendo la altura por el peso elevado al cuadrado) pueden empezar a aparecer alteraciones hormonales que conducen a una marcada apatía sexual. En casos más avanzados, lo más ostensible puede ser la pérdida de la menstruación, si bien aún preservándose los ritmos menstruales cabrá encontrar idéntico desinterés en el encuentro íntimo. Todo ello se debe a una anulación general del estado activo sexual (tanto en su función reproductiva como en su función hedónica), consecuencia de la producción excesiva de hormonas que bloquean el funcionamiento ovárico y uterino, ante lo que el cuerpo considera una situación de estrés grave y mantenido.
En muchas ocasiones, la mala respuesta sexual no es sólo consecuencia de los daños físicos sufridos como consecuencia de la desnutrición, sino que a veces se observa previamente al desarrollo del problema de alimentación. Esta noción es especialmente aplicable a las mujeres con anorexia restrictiva, y no tanto a las que padecen bulimia, si bien las mujeres con patrones bulímicos presentan también alteraciones en su conducta sexual de signo distinto.
Diversas han sido las explicaciones de la relación entre la apatía sexual y la anorexia. Entre ellas se ha destacado un incorrecto proceso de “independización psíquica” de la paciente con respecto a su madre. Se afirma así, que el control sobre la comida y sobre el cuerpo procede del intento de la niña o adolescente por evitar que, también en estos aspectos, se pueda ver asediada por una madre invasiva que domina y se apropia de cuanto la hija encarna y promete llegar a ser. Comida y coito quedan así asociados como inadmisibles injerencias del mundo exterior en un cuerpo que determina blindarse a estas formas de “gordura y suciedad” que quien padece anorexia tanto rechaza.
En todo este panorama desolador la sexología incide cultivando un modelo de sexualidad no comparativo, donde la voluptuosidad emana no tanto de la forma sino del continente y de su contenido. Se propugna así un paradigma donde no hay necesidad de contorsionar la salud para adecuarla a este puzzle de curvas y rectas cosméticas porque el cuerpo propio es un vehículo para alcanzar el cuerpo del otro y no el fin en sí mismo. Tergiversando los versos de Gerardo Diego, entiende y defiende que la sexualidad humana es un querer ser cóncavo para el otro convexo, es un querer ser convexo para el otro cóncavo.
Javier Sánchez García* es Psiquiatra y sexólogo. Salud y Bienestar Sangrial

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2011/11/09/por-que-los-cachas-y-las-delgadas-tienen-mal-sexo-87378/

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