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jueves, 25 de junio de 2015

Comidas que colocan

Comidas que colocan

Las patatas verdes, la nuez moscada, el café o el pan de centeno infectado por un hongo llamado cornezuelo pueden alterar tu visión de la realidad (y provocar efectos secundarios muy poco deseables).

Ponerse como las cabras, ciego, de subidón, a tope, etcétera, usando alimentos es tan posible como poco conveniente. Llevados por la curiosidad paragastronómica que nos caracteriza, hemos investigado y confeccionado una lista de comidas que pueden provocar alucinaciones, euforia y otros estados alterados de la mente. Ninguna lo hace de la manera en la que se consumen habitualmente, así que no hay que renunciar a ellas ni eliminarlas de la dieta: ni una tarta con mermelada de mora, ni un bocadillo ni el café matutino te harán dar un paseo por el Infierno de Dante.
Procedemos a compartir esta información con vosotros, no sin antes repetimos dieces y dieces de veces que no lo hagáis, que ponerse ciego no es bueno y que desde El Comidista no recomendamos ni esta ni ninguna otra práctica que os vaya a colocar como una puerta. Si os queda algún atisbo de ganas después de esta advertencia, leed con atención los efectos secundarios de las mismas y observad cómo la curiosidad desaparece de golpe sin pasar por la casilla de salida.

Moras –de árbol– verdes

Cuando las moras de moral todavía no están maduras –y presentan ese color entre verde y blanco, menos apetecible que un morreo con el Indominus Rex– contienen una saponina tóxica parecida al látex que puede causar alucinaciones de nivel medio, sobreestimulación del sistema nervioso, fuertes náuseas, dolor de estómago y un severo efecto laxante durante largas horas. Nuestro consejo es que las dejéis madurar y las juntéis con mandarinas y grosellas en un falso tiramisú, que también os aportará un chute importante de placenteras endorfinas.

Café

Aunque a veces nos olvidemos porque las tenemos al alcance de la mano en supermercados, bares y demás, tanto la cafeína como el alcohol –y la nicotina del tabaco, ya puestos– están consideradas drogas por la OMS. Según un informe sobre hábitos de consumo de café en España, un 63% de los mayores de 15 años toma al menos una taza del mismo al día, ¿significa eso que van por la vida como unas maracas? Como casi siempre, depende de la cantidad que tomen. Según el European Food Information Council, “entre 100 y 600 mg de cafeína permiten pensar con mayor rapidez y claridad, y mejoran la coordinación corporal”, aunque en contrapartida “puede ocasionar agitación y una pérdida del control motor fino”. Las cantidades superiores a 2.000 mg pueden causar “insomnio, temblores y respiración agitada”, pero todo depende del peso del consumidor y de lo expuesto que esté habitualmente a la sustancia en cuestión. ¿Podrías morirte de sobredosis de café? No parece sencillo: los expertos apuntan a que para ello tendrías que mantener en el cuerpo unos 5.000 miligramos, unas 40 tazas. A la vez, teniendo en cuenta que la cafeína se metaboliza relativamente rápido, así que incluso en ese caso sería más fácil morir de deshidratación –por sus efectos diuréticos– que de sobredosis. Hay que tener especial cuidado con las bebidas denominadas energéticas, ya que aportan un chute elevado de cafeína sintética.

Nuez moscada

Unas cuantas cucharadas de nuez moscada rallada te pueden dejar como Hunter S. Thompson a las cuatro de la mañana, por su alto contenido en miristicina (un insecticida y acaricida natural de efectos neurotóxicos). En su autobiografía Malcom X cuenta sus experiencias con la nuez moscada en la prisión de Charlestown –donde la robaban de la cocina para tomarla mezclada con agua– y el saxofonista Charlie Parker también reconoció haberse pegado alguna fiestita a su costa. Además de un sabor horrible que debe permanecer en la boca durante horas y deja la boca seca como la de un gatete, sus efectos secundarios incluyen fuertes náuseas, paranoia, dificultad para orinar y dolor de cabeza pertinaz. Así que mejor seguir consumiéndola en pellizquitos mezclada con la bechamel.

Semillas de amapola

De la amapola se extraen opiáceos como la morfina, la codeína y la noscapina, utilizadas en la industria farmacéutica para combatir el dolor y la tos. Fuera del circuito legal se utilizan algunas variedades de la misma para fabricar heroína, una de las drogas más chungas y adictivas del mundo mundial. Parte de todos estos compuestos se encuentra en las semillas de la planta, cuyo consumo masivo –teóricamente– puede tener efectos tóxicos similiares a los de sus derivados, lo que hace que su comercialización esté prohibida en Arabia Saudí. La cantidad que se le puede poner a un bagel o panecillo de hamburguesa está totalmente libre de riesgos, aunque se puede dar el caso de un falso positivo en drogas dada la dificultad de los test de orina para diferenciar los tipos de opiáceos. Llegado el caso de ponerse maracas por su consumo, sus efectos secundarios serían los asociados a los opiáceos más un extra de diversión gracias al efecto laxante de las semillas. Casi que mejor no, ¿verdad?

Pan de centeno (infectado por cornezuelo)

Muy común –antes del uso de plaguicidas– en los inviernos fríos seguidos de veranos cálidos, este hongo ha causado bastantes problemas durante la historia de la humanidad. Documentado por primera vez en Dauphiné en 1039 –y conocido en su momento como ‘fuego de San Antonio’ porque es la ciudad donde se le enterró y por las visiones demoníacas que sufrió el buen hombre en vida–, el ergotismo es el responsable del episodio del pan maldito de Pont-Saint-Esprit que tanto gusta a Iker Jiménez. Si todavía hay alguien a quien le parece una idea divertida ponerse ciego por esta vía, estaría bien hacerle saber que otro de los efectos del cornezuelo, además de las alucinaciones masivas y brutales provocadas por los alcaloides, el ergotismo provoca ataques epilépticos, gangrena y la muerte. Se especula con la posibilidad de que fuera responsable de lo que terminó siendo el proceso de Salem, que terminó con la vida de 31 personas entre febrero de 1693 y mayo de 1693. Lot Roca, gerente de Harineras Roca, asegura que en la actualidad el consumo humano del hongo está controlado gracias a una limpieza concienzuda del cereal y otras técnicas agrícolas actuales que eliminan riesgos.

Queso Stilton

Posiblemente habéis comido esta maravilla inglesa más de una vez sin ver enanitos de colores ni elefantes rosas flotando por la habitación (aunque su sabor sea alucinante de por si). Pero, según un estudio impulsado por el British Cheese Board, consumido antes de dormir causa sueños vívidos y alterados en un 85% de las mujeres y un 75% de los hombres. Cocodrilos vegetarianos, invitados a una comida intercambiados por camellos y peluches parlantes fueron algunos de los efectos secundarios de comer 20 gramitos de nada de este queso justo antes de irse a la cama.

Patatas verdes, y el tallo y las hojas de las mismas

La solanina, un glucoalcaloide tóxico que también contienen los tomates no maduros, la berenjena y la belladona, sería la responsable del desagradable colocón. Se trata de un pesticida e insecticida natural –como en el caso de la mora– que protege a la planta de plagas y depredadores, y que en el caso de la patata disminuye a medida que llega su momento óptimo de consumo. Proporciona un sabor amargo a la planta y consumida en altas dosis puede provocar, además de todos los cuadros digestivos relacionados con una intoxicación –vómitos, dolor de estómago, diarrea–, alucinaciones y delirios. ¿Qué hay que hacer para evitarlo? Consumir patatas que no tengan partes verdes –cuando se exponen a la luz aumenta la cantidad de solanina, aunque es la clorofila lo que proporciona el color, así que guardarlas a oscuras es importante–, cocinarlas y no comerse 15 kilos de una sentada (que puede ser malo a bastantes niveles). Incluso las patatas inmaduras con una dosis elevada de solanina disminuyen su toxicidad y se vuelven comestible si se fríen a más de 170 grados, un tema a recordar cada vez que alguien nos venga a dar la turra pro light cuando estemos disfrutando de un plato de ese manjar. Porque, como el resto de alimentos mencionados en este post, hechas en casa y consumidas con moderación y con sentido común son perfectamente inocuas y también dan subidón (de los sanos).
 
 
 http://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2015/06/23/articulo/1435065143_484222.html

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