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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una de juanetes

Una de juanetes

Buena solución
Aprender la técnica quirúrgica resultó mucho más difícil de lo esperado. La curva de aprendizaje fue larga, llena de obstáculos, desesperante en ocasiones. La destreza demostrada por nuestros maestros nos hizo pensar que se trataba de una técnica sencilla, especialmente para cirujanos experimentados y más aún para quienes estábamos acostumbrados a operar "sin ver" directamente el campo quirúrgico, como nos ocurre a los artroscopistas.
Fuimos aprendiendo con dificultad y algunos tropezones pero llegó el momento de la satisfacción contenida -en medicina nunca es total porque, cuando menos lo esperas, surge la complicación- y la entrada en nuestra consulta de un paciente con una deformidad importante del pie llegó a ser recibida con alborozo. No hay mayor satisfacción para un cirujano que la de ser capaz de resolver un problema. El mayor premio, una satisfacción adictiva, es el agradecimiento del paciente por el resultado exitoso de su intervención.
-Bueno, Tomasa -me mira con ansiedad esperando el veredicto respecto a los juanetes que deforman los zapatos nuevos con los que acude al médico- tenemos que operar. Su dedo se ha desviado mucho y ya sólo es posible corregirlo con la intervención quirúrgica.
-¿Y qué garantías tiene la operación, doctor?
¡Ay, garantías! ¡Cómo chirría esa palabra en la consulta de un médico! ¿Cómo explicar que nunca estamos seguros de nada, que por mucho que avanza nuestra ciencia somos siempre unos ignorantes? ¿Cómo expresar nuestra opinión real sin transmitir inseguridad?
-Garantías, Tomasa, las da Zanussi. Nosotros no tenemos garantías. La maquinaria humana no sale en serie de una fábrica y nosotros, desgraciadamente, no podemos extender un certificado de calidad. No tenemos el control.
-Ya...
-Podemos, eso sí, hablar de probabilidades. De todos los pacientes atendidos calculamos una estadística de éxitos y fracasos. Conforme a mis resultados puedo decirle que la probabilidad de que todo salga bien es muy alta. Normalmente es muy satisfactorio. Pero no se lo puedo "garantizar" Si le digo que el 85% quedan bien, eso quiere decir que el 15% han quedado mal o no están satisfechos. Para cada uno de los pacientes de ese grupo, mi intervención ha sido un fracaso. Para ellos, el resultado es un ciento por ciento malo.
Pasamos a otro punto. Tomasa no insiste -normalmente nadie lo hace, todo el mundo entiende perfectamente el argumento- y voy explicando el plan de acción.
-No tiene que ingresar; tampoco necesitamos un preoperatorio. Le harán pasar directamente al quirófano y le aplicarán anestesia local a la altura del tobillo para que se le duerma el pie. La operación durará, aproximadamente, media hora. Al terminar podrá irse a casa andando.
Sigo explicando los detalles. Que necesitará un zapato ortopédico, ancho, de base plana, durante un mes. Que no va a sufrir dolores; quizá unas molestias. Que tomará una medicación, antibióticos y antiinflamatorios. Que podrá andar pero le aconsejo una semana de reposo. Y que seguiré viéndola en consulta hasta el alta definitiva.
-Hacia los dos meses puede producirse lo que empezamos a llamar "la depresión de los juanetes" En ese momento están consolidando los cortes que hemos realizado en los huesos y pueden producirse algunas molestias. El alta definitva suelo extenderla hacia el cuarto mes.
Termino con las explicaciones procurando ser muy concreto, explicando las ventajas e inconvenientes de la técnica, las incidencias habituales del proceso, la previsión del curso postoperatorio que nunca es el mismo. Mi paciente parece tranquilizarse. La decisión está tomada y ya no debe preocuparse por analizar la situación. Se ha puesto en mis manos y confía en el resultado de la operación que realizaremos dentro de unos días. 

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